Qué es la gestión pasiva

La gestión pasiva consiste en replicar la composición de un índice de referencia (como el S&P 500 o el MSCI World) sin intentar superarlo. Los fondos y ETFs indexados son el vehículo típico. El gestor no toma decisiones activas sobre qué comprar o vender; simplemente mantiene los mismos valores que el índice en las mismas proporciones.

Costes muy bajos (TER 0,03-0,20%), transparencia total y mínima intervención humana son sus características.

Qué es la gestión activa

La gestión activa implica que un gestor profesional (o un equipo) decide activamente qué valores comprar, cuándo y en qué proporción, con el objetivo de superar la rentabilidad del mercado (su "benchmark").

Costes más elevados: las comisiones de gestión de fondos activos oscilan entre el 1% y el 2,5% anual.

La evidencia: ¿quién gana?

El informe SPIVA de S&P Global analiza anualmente qué porcentaje de fondos activos supera a su índice de referencia. Los resultados son consistentes:

  • A 1 año: ~55% de los fondos activos no bate al índice.
  • A 5 años: ~75-80% no bate al índice.
  • A 15 años: ~85-90% no bate al índice.

Y los pocos que sí baten al índice en un período rara vez lo repiten en el siguiente. No es posible predecir qué fondo activo lo hará bien en el futuro basándose en resultados pasados.

Por qué la gestión activa pierde

La razón matemática es simple: el conjunto de todos los inversores activos obtiene, antes de costes, la rentabilidad del mercado (porque son el mercado). Después de descontar sus costes más elevados, obtienen sistemáticamente menos que el mercado.

¿Hay algún caso para la gestión activa?

En mercados menos eficientes (pequeñas empresas, mercados emergentes), hay algo más de espacio para que la gestión activa aporte valor. Pero para el inversor particular, la gestión pasiva es la opción racional en la mayoría de los casos.